El terroir del Valle de Curicó: el origen que define los vinos de Viña Pirazzoli
En el mundo del vino, hay una palabra que lo explica casi todo: terroir.
No se trata solo del suelo, ni únicamente del clima. El terroir es la combinación viva entre geografía, clima, suelo y decisiones humanas, y es lo que permite que un vino tenga identidad, coherencia y carácter propio.
En Viña Pirazzoli, el terroir no es un concepto abstracto. Es una realidad concreta que se extiende a lo largo del Valle de Curicó, desde la precordillera hasta el secano interior costero, y que define el estilo de cada uno de sus vinos.

¿Qué entendemos por terroir?
Al respecto Rosa Salazar, enóloga de Viña Pirazzoli, explica:
“El terroir no es solo el lugar donde crece la uva. Es entender cómo influyen el clima, el suelo y el tiempo en cada cosecha, y acompañar ese proceso para que el vino exprese con honestidad su origen.”
Para quienes están familiarizados con el vino, el terroir es el ADN de un viñedo.
Para quienes recién se acercan a este mundo, se puede explicar de forma simple: es el lugar donde nace la uva y todo lo que ese lugar le entrega.
Incluye:
- La ubicación geográfica
- El tipo de suelo
- La altitud
- La influencia del mar o de la cordillera
- La amplitud térmica entre día y noche
- Y el conocimiento de quienes cultivan y vinifican
Cuando estos factores se comprenden y se respetan, el vino deja de ser genérico y pasa a ser expresión de origen.
Valle de Curicó: un territorio privilegiado para el vino
El Valle de Curicó es uno de los territorios vitivinícolas más diversos de Chile. A diferencia de otros valles más homogéneos, Curicó permite recorrer en pocos kilómetros realidades muy distintas: zonas frescas de precordillera, valles centrales y sectores con clara influencia costera.
Viña Pirazzoli cultiva cerca de 400 hectáreas de viñedos propios, distribuidos estratégicamente en tres grandes zonas del valle. Esta diversidad es uno de sus mayores atributos enológicos.
De la precordillera a la costa: cómo la geografía moldea el carácter del vino
Daniel Fernández, Ingeniero Agrónomo Viña Pirazzoli, reconoce:
“Trabajar con viñedos propios, distribuidos desde la precordillera hasta la costa, nos permite leer cada zona y decidir dónde cada cepa se expresa mejor. Esa es la base para lograr vinos consistentes y con identidad.”
- Precordillera de Molina: frescor y expresión aromática
En los viñedos ubicados en la precordillera, las noches frías y los días templados generan una marcada oscilación térmica. Este contraste favorece una maduración lenta y equilibrada, ideal para variedades blancas como Chardonnay y Sauvignon Blanc.
El resultado son vinos frescos, tensos y aromáticos, con buena acidez natural y una expresión limpia del fruto.
- Valle central de Lontué: equilibrio y estructura
En el corazón del valle, cerca del río Lontué, los suelos de origen aluvial y el clima mediterráneo permiten desarrollar variedades tintas como Cabernet Sauvignon y Merlot con gran equilibrio.
Aquí los vinos ganan estructura, concentración y elegancia, manteniendo frescura y potencial de guarda. Es una zona clave para construir vinos consistentes, capaces de repetirse año tras año.
- Secano interior costero de Sagrada Familia: madurez y carácter
A menor distancia del Océano Pacífico, los viñedos de Sagrada Familia reciben la influencia de las brisas marinas, que moderan las temperaturas estivales y aportan ventilación natural.
Los suelos más arcillosos y ricos en minerales, junto a un clima ligeramente más cálido, crean condiciones ideales para cepas como Carménère, Syrah y Carignan.
Aquí los vinos desarrollan mayor madurez, notas especiadas, profundidad y personalidad, sin perder equilibrio.
Cuando la cepa encuentra su lugar
Uno de los principios enológicos de Pirazzoli es simple y profundo: cada cepa debe estar donde mejor se expresa.
El Carménère, por ejemplo, necesita ciclos de maduración más largos y temperaturas adecuadas para evitar aromas vegetales y lograr su perfil más característico, con notas de pimienta negra y especias.
El Syrah, en cambio, permite mayor flexibilidad, expresándose de forma distinta según la zona, desde perfiles más frescos hasta versiones más frutales y envolventes.
Esta lectura del terroir no es improvisada: es fruto de décadas de experiencia, observación y decisiones consistentes en el tiempo.
“La diversidad de suelos y climas del Valle de Curicó nos permite trabajar cada variedad en su mejor entorno, asegurando calidad y repetibilidad en el tiempo,” asegura el agrónomo.
Terroir + personas: la ecuación completa
El terroir no existe sin las personas que lo interpretan.
En Viña Pirazzoli, el conocimiento acumulado del equipo —enólogos, viticultores y trabajadores que llevan décadas en la viña— es parte esencial del resultado final.
La posibilidad de trabajar con uvas 100% propias, recorrer los viñedos, conocer cada cuartel y repetir prácticas que funcionan, permite una trazabilidad real y una calidad sostenida, algo muy valorado tanto por consumidores como por compradores especializados.
En este sentido, la enóloga afirma: “Cuando el viñedo está bien interpretado, el vino no necesita explicaciones: habla por sí solo del lugar donde nació”.
El resultado: vinos con identidad y coherencia
Gracias a esta diversidad geográfica y a una lectura respetuosa del territorio, los vinos de Viña Pirazzoli se caracterizan por:
- Expresar claramente su origen
- Mantener consistencia entre cosechas
- Ofrecer perfiles equilibrados y honestos
- Conectar paisaje, clima y oficio en cada copa
En un contexto donde muchos vinos se estandarizan, el terroir del Valle de Curicó —bien entendido y bien trabajado— se transforma en un verdadero diferenciador.
CTA: Descubre cómo el Valle de Curicó se expresa en cada vino
→ Conoce nuestros vinos
→ Explora nuestros viñedos





